El sufrimiento puede ser opcional

El sufrimiento es una reacción o padecimiento desgastante a nivel emocional,
psicológico, lo cual lo diferencia del dolor, ya que este viene a ser una reacción
física ante un evento, por ejemplo un golpe, una cefalea o una fractura. Ahora bien,
el dolor y sufrimiento pueden tener relación en tanto que a partir de un dolor físico
advenga entonces el sufrimiento. Sin embargo, lo que contempla la reacción
psicológica del sufrimiento es una interpretación negativa del dolor causado por
determinado evento o situación, que hace que nos sintamos víctimas, vulnerables,
maniatados, frustrados, atrapados.

A partir de esto se puede entender que la reacción psicológica del sufrimiento se
da a nivel consciente, pero, a su vez suele tener una ganancia secundaria o placer
inconsciente. Aunque esto suene paradójico, veremos que no lo es.
El sufrimiento se instala en nuestro ser cuando nos encontramos ante situaciones
que nos genera sensación de ansiedad, sumisión, frustración o impotencia; cuando
sentimos que no podemos hacer nada, pero, a veces este no poder hacer nada se
puede transformar en un no "querer" hacer nada, convirtiéndose entonces en una
elección. Esta elección de mantenerse en la posición de "no querer hacer" contiene
en sí una satisfacción inconsciente. A veces, es más cómodo mantenernos en el
sufrimiento que salir de él, ya que el hacerlo contempla un cambio, asunto que a
muchos aterra.

Algunas personas suelen pensar que la vida es sumamente dura y que el
sufrimiento es inherente a estar vivos. Otros valoran el sufrimiento como una señal
de esfuerzo para alcanzar una meta y algunos más consideran que es cuestión de
suerte el sufrir o no en la vida. Sea cual sea el caso, pareciese que es una
sensación que todos los seres humanos conocemos y sabemos que padecer de ella
no es agradable.

Sin embargo, cuando el sufrimiento nos toca y nos invade esa sensación de
vulnerabilidad en la que pareciera que nada tiene sentido, que no hay salida,
estamos ante un momento de ensimismamiento que nos ciega. Pero resulta que es
en esa misma vuelta hacia nosotros mismos donde se encuentra la salida, el
secreto está en redirigir el foco. La autoreflexión, no culpabilizadora pero sí
responsabilizante, nos dará las coordenadas para poder salir, colocando mayor
empeño en aquellos aspectos de los que sí podemos hacernos cargo, como es
nuestra forma de afrontar y dejar en un segundo plano aquellos ante los cuales
estamos impotentes.

Cuando estamos frente a situaciones de cambio, que afectan nuestro status quo,
puede advenir el sufrimiento como un obstáculo. Esta sensación es una advertencia
que nos da nuestra psiquis indicándonos que estamos ante algo nuevo, que nos
asusta porque sabemos que es una circunstancia que no podemos cambiar y por
tanto nos frustra. El elegir mantenernos en ese estado inamovible de desacuerdo y
frustración es lo que va a ser el obstáculo. Todo cambio asusta y más cuando nos
sentimos impotentes ante él, sin embargo el foco ha de estar en el locus de control
interno más que en el externo.

El locus de control externo implica muchas variables y si no están todas bajo
nuestro alcance es la razón por la cual podemos sentirnos frustrados y sufrir ante tal
situación. Ahora bien, si la situación la enfocamos en nuestro locus de control
interno, podremos hacer muchas más cosas de las que nos imaginamos, porque
solo nosotros podemos decidir cómo enfrentamos las circunstancias y qué podemos
hacer con esas situaciones. Es en este punto donde se convierte el sufrimiento en
opcional. Podemos decidir quedarnos atados en esta sensación, que es
escasamente productiva, o tomar la decisión de enfrentar las situaciones de forma
diferente. Un quehacer distinto se nos dará cuando nos hagamos conscientes de lo
poderosos que podemos ser en el momento en que decidimos tomar las riendas de
nuestros pensamientos y sentimientos y cuando podemos flexibilizar y soltar aquello
que tanto desconfort nos causa.

Mantenernos sumidos en alguna situación que nos aqueja sin permitirnos girar la
cabeza un poco, nos hace permanecer en un estado de sufrimiento que afecta tanto
nuestra salud física como emocional y repercute en nuestro entorno, esto crea un
estado de sufrimiento y tristeza generalizado que no nos permite ver y disfrutar de
aquellos aspectos positivos y valiosos que también nos rodean. El hecho de que las
cosas no salgan conforme a nuestros deseos y creencias, nos va a colocar ante el
sentimiento de la vulnerabilidad y frustración, antesala del sufrimiento. Solo nosotros
decidimos colocarnos las cadenas del sufrimiento que nos generan las luchas en
contra de las circunstancias que no podemos cambiar, o bien decidimos tomarlas
como un aprendizaje, soltando lo que haya que soltar y cambiando en nosotros la
mira de la situación.

Todo depende del cristal por el cual se elija mirar. Si asumimos el sufrimiento
como una posible fuente de aprendizaje y no como un lastre con el que estamos
supuestos a vivir, entonces podremos tener una experiencia realmente
enriquecedora una vez que volteemos a ver nuestro propio interior de la forma más
franca posible aunque duela, porque vale más que duela por un pequeño lapso que
por un periodo extenso y latente.

Si sabemos nuestras verdaderas necesidades y aceptamos nuestra historia con
todos sus claroscuros y estamos consciente de nuestros propios límites, podremos
ir haciendo frente más fácilmente a situaciones que conlleven a un posible
sufrimiento, y así se minimizará nuestra estadía en ese estado psíquicamente
improductivo. Sentirnos víctimas de las circunstancias y de nuestra historia es
mantenernos encadenados a ellas, como un barco sin timón a merced de la marea.
Es necesario convertirnos en protagonistas responsables de nuestras vidas y
disfrutar de ella.

A fin de cuentas, bien sabemos que no podemos controlar las circunstancias,
pero sí podemos elegir la actitud para enfrentar las mismas. No siempre es
necesario comprenderlo todo para poder aceptarlo o al menos sobrellevarlo.

Lic. Daniela Alós R.

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