¿Cuánto cuesta la felicidad?

El concepto de felicidad es algo que todos creemos entender pero que son unos pocos los que logran comprenderlo. Digo esto porque conocer y entender no es lo mismo que comprender. Éste último concepto implica una responsabilidad por parte del sujeto, es hacer algo suyo, parte de su ser. Ahora bien, el asunto de ser felices es algo complejo y esto viene dado por el hecho de que nos aterra poder disfrutar ese sentimiento de bienestar, pareciera que los seres humanos nos empeñamos en recalcarnos cada vez que estamos rozando la felicidad en que eso no es suficiente o no nos lo merecemos.

Desde pequeños, por imitación de figuras representativas en nuestras vidas, padres, familiares, amigos, personas varias, nos vemos motivados a esforzarnos para alcanzar metas con la promesa de que al hacerlo nos sentiremos felices y satisfechos, pero resulta que pasa en numerosas ocasiones que al alcanzarlas nos damos cuenta que a pesar de todo el esfuerzo colocado en ellas, el tiempo de felicidad es corto. Inmediatamente nos invade una sensación de vacío o malestar, incluso culpa y nuevamente iniciamos el ciclo de plantearnos nuevas metas, que nos mantengan ocupados en el proceso de alcanzarlas, pero ¿será que realmente estamos empeñados en lograr estas metas por satisfacción propia o por demostrarle algo a otros? ¿O más bien será que buscamos ocuparnos en plantearnos nuevas metas y proyectos exitosos para así poder mantenernos alejados del disfrute, de la felicidad?

El ser feliz y poder disfrutar de ello es algo que contiene un cúmulo de angustia importante para el sujeto, resulta que cuando queremos algo y tenemos la oportunidad de tomar la decisión para alcanzarlo, suele devolverse una culpa muy grande que hace que, o se procastine la toma de decisión, o se busque hacer algo más, siendo siempre ese algo un punto que nos aleja del deseo. Es decir, vivimos la mayor parte de nuestro tiempo, por no decir todo el tiempo, en función al otro, pocas veces nos detenemos en vernos a nosotros mismos.

Les propongo algunas preguntas, ¿cuantas veces te has sentido inconforme en lo que haces, en el trabajo o en tus rutinas pero decides continuar haciéndolas por el hecho de que es tu deber hacerlas, o que tal vez si desertas de ello no conseguirás algo mejor? ¿Logras disfrutar de tu tiempo libre o buscas ocuparlo con solucionar cosas para otros? ¿Cuántas veces has elegido hacer algo que no es lo que realmente quieres pero lo eliges porque eso es lo que hará que tus padres, pareja, hijos, etc. Se sientan satisfechos contigo?

En el caminar por la vida se nos ocurren muchas cosas que queremos hacer y que en varias ocasiones se nos da la oportunidad de poder hacerlas, pero resulta que en lo que llega ese momento, nos sentimos indecisos y con demasiado miedo de ejecutar la acción, de tomar la decisión de hacer lo que tanto queremos y preferimos la opción de ¨sí… aunque mejor no¨. ¿Pero esto será por ti o por el hecho de no defraudar al otro? ¿Qué será lo que realmente te angustia?

La felicidad no está en el éxito, sino en las nimiedades de la vida, pero resulta que se nos va la vida buscándolo a la inversa. Mientras más pendiente estemos en complacer al otro, en que el otro esté satisfecho con nuestras acciones, más nos vamos alejando de nuestra propia felicidad y aunque creamos que con el hecho de complacer al otro, nos sentiremos más complacidos nosotros mismos, ocurrirá todo lo contrario, más vacíos nos sentiremos. Finalmente te pregunto, ¿le das muchas vueltas a las cosas por las responsabilidades que tienes con los otros o por miedo a encontrarte feliz?

Autora:

daniela
Psicóloga
Lic. Daniela Alós R.
twitter: @alosdaniela
email: alosdaniela@gmail.com

 

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