Sin motivo aparente

Cuando hablamos de emociones y sentimientos, el género femenino siempre genera mayor inquietud, ya que a la hora de descifrar alguno de ellos, las cosas se pueden tornar bastante ambiguas. Tanto así que dentro del psicoanálisis, su fundador Sigmund Freud planteó que, la mujer es como un continente negro con una vida amorosa envuelta aun en una oscuridad impenetrable, es decir bastante compleja de conocer. Asunto que también podemos verlo reflejado en obras literarias, teatrales y artísticas a lo largo de la historia de la humanidad. El descifrar a una mujer ha sido el punto central y fuente de inspiración para muchos artistas, intelectuales y filósofos importantes.

Es por ello que pretender hablar de la mujer siempre será un tema complicado, sin embargo en la actualidad algo podemos decir, por lo cual en este artículo pretenderé esbozar algunas particularidades de las que se goza o se padece al ser una mujer.

Comencemos por el amor, que si bien no hablaremos de ¨todas¨, porque concretamente a la mujer no se le puede generalizar, el amor resulta ser una de las complicaciones más comunes y por las que las mujeres más consultan en búsqueda de respuestas. Es así como vemos que muchas veces antes de llegar a un consultorio psicológico, van a leerse las cartas, consultan el tarot o buscan una respuesta divina; pero resulta que suele ser infructuosa esa búsqueda, ¿y por qué será? Pues sencillamente porque la respuesta real se encentra dentro de ellas mismas, puede sonar cliché pero esto tiene una explicación. Las elecciones en el amor siempre tienen que ver con una o varias huellas de nuestra historia que no necesariamente estamos conscientes de las mismas, pero que mayormente son las que dominan nuestros actos, eligiendo entonces parejas conflictivas que terminan convirtiéndose en relaciones tormentosas de las cuales no sabemos cómo salir.

De tal motivo deviene la queja, bastante común, de: ¨ ¡Qué mala suerte tengo, siempre me toca la misma clase de hombre! ¨ Pero, será igual de común el detenerse a pensar en la pregunta: ¿por qué? Esta curiosa pregunta ayudará a no sólo quedarse en la queja sino a poder elaborar a partir de ella estas escogencias, lo cual nos dará un aprendizaje real que nos transformará como persona. Pudiendo así hacer nuevas elecciones que serán cada vez más sanas.

Enlazado con esto podemos nombrar otro punto muy importante en la mujer, la incompletud, la insatisfacción que la caracteriza, ante la cual se mantiene en una búsqueda constante de saciarse, llenarse, y en ese intento se llena entonces de objetos, zapatos, carteras, accesorios, rumbas, etc. Que ciertamente le encantan, hace que se sienta muy bien cuando los adquiere, o participa pero después de un rato se siente inconforme y nuevamente vacía. Y qué hacer ante esto, ante este aparente vacío, muchas veces catastrófico por no sentir esa completud ni con la compra de un millón de zapatos, y ni hablar del vacío que deja ese anhelo de encontrar la media naranja, tan comentada, tan idealizada. ¿Qué salida tomar entonces? Pues puede que suene romántico tal vez, pero la respuesta ¡yace dentro de ti! La queja tiene un código y es ese el que debemos escuchar para descifrar, no es responsabilidad de las otras personas el esclarecer esos códigos, podrán suponer muchas cosas, buscarán llenarte de otras tantas pero al final te encontrarás nuevamente en el punto de inicio, insatisfecha, demostrándolo con emociones ambiguas y es que el hecho de que el otro no te entienda, no significa que sea malo, que sea bruto u egoísta, es que simplemente es otro ser, con huellas propias que marcan su historia.

Es necesario detenernos a vernos, quitarnos ciertos velos para aceptar nuestra propia falta, reconocerla y responsabilizarnos de nuestros propios lados oscuros y solo desde ahí, desde la aceptación de nuestra propia incompletud que tanto atormenta, podremos aceptar la falta en el otro, para verlo así con otros ojos. Y así como nadie es perfecto, tampoco nadie es más responsable de lo que nos pasa que nosotros mismos.
Autora:
daniela
Lic. Daniela Alós R.
twitter: @alosdaniela
email: alosdaniela@gmail.com

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